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Un trabajo sostenido desde el compromiso voluntario de la Asociación sin fines de lucro “Divino Niño Jesús”, a través del cariño y la cercanía permite acompañar a personas mayores, promover la inclusión y brindar oportunidades de encuentro a niños, adolescentes y adultos.
Hace más de 30 años, una asociación sin fines de lucro sostiene una tarea solidaria que tiene como centro a las personas y sus necesidades. A través de distintas iniciativas comunitarias, sus integrantes promueven el acompañamiento de los adultos mayores, la ayuda concreta a quienes más lo necesitan y la inclusión de personas con discapacidad, construyendo vínculos que se fortalecen en el encuentro cotidiano. Los abuelos visitaron al Arzobispo, con él rezaron el Santo Rosario por diversas intenciones, entre ellas, la salud del Papa León; y compartieron charlas y canciones.
Entre los principales espacios asociación “Divino Niño Jesús” se encuentra el Club de Abuelos “Jesús Nazareno”, donde las personas mayores comparten actividades, celebraciones, talleres y momentos de amistad. Allí, la solidaridad se expresa tanto en las acciones concretas como en los pequeños gestos que ayudan a transitar la vida con mayor compañía y esperanza.
En la mañana del miércoles, visitaron a monseñor José Adolfo Larregain. Él los invitó a rezar juntos el Rosario. Cada uno de ellos puso sus intenciones -sus familias, los enfermos, la gente sin trabajo, por los familiares difuntos, por los adolescentes y jóvenes que padecen problemas de salud- en manos de la Tierna Madre de Itatí. Rezaron especialmente por la salud del Santo Padre, también por las consecuencias que puede ocasionar el fenómeno del Niño. Luego, compartieron un rato de charlas, le contaron al Pastor sobre sus familias, sus alegrías y pérdidas, y sobre las actividades que realizan en el club de abuelos.
Un espacio para compartir y sentirse acompañados
La asociación “Divino Niño Jesús” desarrolla diversas propuestas destinadas a los adultos mayores. Cuenta con un comedor en el que las propias integrantes colaboran en la preparación de los alimentos, además de talleres de manualidades y tejido, actividades recreativas, encuentros y festejos de cumpleaños.
También organiza visitas a hogares de adultos mayores, tanto públicos como privados, para compartir canciones, celebrar aniversarios y llevar un momento de alegría a quienes viven en esas instituciones. Son gestos sencillos que cobran un significado especial para muchas personas que necesitan compañía y cercanía.
La preocupación por los demás también se manifiesta en la búsqueda de medicamentos para las abuelas que los necesitan y en el acompañamiento a quienes atraviesan situaciones difíciles, como la soledad o la pérdida de un ser querido.
En ese camino, el grupo se convierte en una red de contención. No se trata solamente de organizar actividades, sino de estar presentes, escuchar y ayudar a que cada persona encuentre un lugar donde compartir lo que vive.
La solidaridad también llega a las familias
El compromiso comunitario se extiende a las familias y a los niños. En el comedor, por ejemplo, las integrantes del grupo organizan celebraciones especiales, como los festejos por el Día del Niño, con desayunos, juegos y entrega de juguetes.
Otra de las iniciativas es el ropero solidario, que permite poner prendas y otros elementos en condiciones para que puedan ser aprovechados por quienes los necesitan. La propuesta refleja una manera concreta de compartir y de dar una nueva oportunidad a aquello que todavía puede ser útil.
Cada una de estas acciones nace del deseo de colaborar y de ofrecer respuestas cercanas a las necesidades de la comunidad.
Una inclusión que se construye entre todos
Otro aspecto fundamental de la tarea de la Asociación es la inclusión de personas con discapacidad. Desde hace más de diez años, el grupo sostiene actividades que buscan generar espacios de participación, encuentro e integración.
La propuesta parte de una convicción: todas las personas tienen derecho a compartir, participar y formar parte de una comunidad. Por eso, las actividades se organizan procurando que nadie quede afuera y que cada integrante pueda aportar desde sus posibilidades.
A estas iniciativas se suman propuestas vinculadas con la danza, abiertas a niños pequeños, adolescentes y adultos. Además de aprender y desarrollar habilidades, los participantes encuentran allí un espacio para hacer amistades, fortalecer vínculos y compartir experiencias.
La inclusión también alcanza a los adolescentes que necesitan espacios de pertenencia y acompañamiento. A través de la danza y de las actividades grupales, se busca favorecer la disciplina, el compañerismo y la construcción de relaciones saludables.
El ballet Divino Niño se ha lucido, por ejemplo, en el escenario, entre otros, de la Fiesta Nacional del Chamamé.
Un compromiso sostenido por el voluntariado
Esta tarea se sostiene gracias al trabajo desinteresado de quienes participan en la asociación. Las personas que coordinan y acompañan las actividades, al igual que quienes ofrecen talleres de manualidades y tejido, lo hacen de manera voluntaria, sin recibir una remuneración.
El profesor de gimnasia constituye una excepción, ya que su labor es financiada por la Provincia.
Este compromiso habla de una solidaridad que se transforma en servicio cotidiano: tiempo ofrecido, conocimientos compartidos y una presencia constante junto a quienes necesitan acompañamiento.
Cada taller, cada comida preparada, cada cumpleaños celebrado y cada visita realizada forman parte de una misma misión: cuidar la vida, fortalecer los vínculos y construir una comunidad más fraterna.
Una Iglesia cercana, que acompaña y comparte
La experiencia también está vinculada con la vida de la comunidad eclesial. Quienes impulsan estas iniciativas participan de la comunidad de Santa Cecilia, perteneciente a la parroquia Santa Lucía, y valoran especialmente los espacios de encuentro que permiten fortalecer la dimensión espiritual de las personas mayores.
Entre sus deseos y necesidades se encuentra, precisamente, poder profundizar ese acompañamiento, con visitas y momentos de oración y cercanía que ayuden a las abuelas a vivir y compartir su fe.
En muchos casos, las personas mayores atraviesan situaciones de soledad, enfermedad o duelo. Frente a esas realidades, la presencia de otros puede convertirse en un sostén fundamental. Escuchar, compartir una celebración o simplemente dedicar tiempo a alguien son maneras concretas de transmitir esperanza.
La historia de este grupo recuerda que la solidaridad no consiste únicamente en dar aquello que hace falta. También significa ofrecer compañía, reconocer la dignidad de cada persona y hacerle sentir que no está sola.
Después de más de tres décadas de trabajo, el compromiso continúa renovándose en cada encuentro. Porque allí donde hay alguien dispuesto a servir, compartir y acompañar, también crecen la esperanza y la posibilidad de construir una comunidad en la que todos tengan un lugar.