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En el marco del 28.º Encuentro del Pueblo de Dios, celebrado en Bella Vista, monseñor José Adolfo Larregain invitó a las comunidades de la Arquidiócesis a renovar el compromiso de caminar juntos, fortaleciendo la escucha, la fraternidad y la misión evangelizadora.
A partir de la Palabra de Dios, reflexionó sobre la sinodalidad como una manera de ser Iglesia: cercana, abierta al encuentro y capaz de acompañar las búsquedas, las heridas y las esperanzas de cada persona.
Compartimos el texto completo de su homilía, una invitación a seguir construyendo una Iglesia que sea casa para todos y donde nadie sienta que no tiene lugar:
"Queridos hermanos y hermanas: celebramos con alegría el 28º Encuentro del Pueblo de Dios aquí, en Bella Vista. Venimos de distintas comunidades, parroquias, movimientos y servicios pastorales, nos reúne una misma fe, esperanza y deseo: seguir construyendo una Iglesia que sea casa para todos.
El lema que nos convoca —“Encontrarnos, conocernos y caminar juntos”— expresa con sencillez el corazón de la sinodalidad. No se trata solamente de organizar actividades, es reconocernos hermanos, escucharnos, compartir lo que vivimos y descubrir por dónde nos está conduciendo el Espíritu.
La Palabra de Dios nos ofrece hoy dos imágenes muy hermosas. Ambas vinculadas al camino.
En los Hechos de los Apóstoles encontramos a Felipe y al funcionario etíope. Dios pone a Felipe en el camino de aquel hombre que busca comprender la Escritura. Y el Espíritu le dice: “Acércate”. Esa palabra podría resumir buena parte de nuestra misión en este tiempo: achicar distancias, tender puentes, ser próximos, arrimarnos, avecinarnos, allegarse.
Felipe no comienza dando respuestas. Primero se aproxima, escucha y pregunta: “¿Entiendes lo que estás leyendo?”. El otro le abre su corazón y le confiesa que necesita a alguien que lo acompañe. Entonces Felipe sube al carro y se sienta junto a él.
¡Qué imagen para nuestra Iglesia! Una Iglesia que no mira la vida desde lejos, sino que sube al carro de la historia de las personas. Una Iglesia que acompaña sus preguntas, heridas, búsquedas y esperanzas. Antes de enseñar, escucha; antes de señalar un camino, se acerca; antes de hablar, comparte el trayecto.
El Evangelio nos lleva a otro camino: el de Emaús. Dos discípulos caminan tristes y decepcionados. Habían esperado mucho de Jesús, pero ahora sienten que todo terminó. Y Jesús hace algo sorprendente: se pone a caminar con ellos. No les reprocha su falta de fe, les pregunta: “¿Qué vienen conversando por el camino?”. Jesús quiere escuchar su dolor.
Aquí encontramos las tres palabras de nuestro lema: “encontrarnos, conocernos y caminar juntos”. Encontrarnos significa salir de nosotros mismos y hacernos próximos. Conocernos significa aprender a escuchar la historia del otro sin prejuicios ni respuestas prefabricadas. Caminar juntos significa aceptar que nadie puede vivir la fe aislado de los demás.
Eso es la sinodalidad. No es una moda ni simplemente una metodología pastoral. Es una manera de ser Iglesia: Pueblo de Dios que camina unido, escucha al Espíritu y discierne su misión.
También el Papa León XIV nos está invitando a profundizar este camino de comunión y misión. Su próxima visita constituye para nosotros un signo de cercanía y una invitación a renovar nuestra pertenencia eclesial. Recibir al Sucesor de Pedro no puede reducirse a preparar un acontecimiento exterior; debe ayudarnos a preguntarnos qué Iglesia queremos construir y qué testimonio estamos llamados a ofrecer.
Los desafíos son muchos: vivimos tiempos de fragmentación, violencia, soledad y desconfianza; las redes nos mantienen comunicados, pero no siempre verdaderamente vinculados; podemos saber mucho de los demás y, sin embargo, conocernos poco; también nuestras comunidades pueden caer en divisiones, rivalidades o pequeños grupos cerrados.
Frente a esto, el Evangelio nos propone otra lógica: la cultura del encuentro. Necesitamos comunidades donde el joven pueda expresar sus preguntas; donde el anciano encuentre escucha; donde las familias heridas sean acompañadas; donde el pobre no sea un extraño; donde quien piensa distinto no sea considerado un enemigo; donde nadie sienta que no tiene lugar.
El salmo nos invita: “Gusten y vean qué bueno es el Señor”. La bondad de Dios tiene que poder gustarse también en nuestras comunidades: en el modo de recibir, escuchar, perdonar, acompañar y servir.
Hermanos y hermanas, este Encuentro del Pueblo de Dios no termina cuando volvemos a nuestras casas, allí comienza nuevamente. Volvamos a nuestras comunidades con tres compromisos sencillos: acercarnos a alguien, escuchar a alguien y caminar con alguien. Como Felipe, acerquémonos al que busca. Como los discípulos de Emaús, dejemos que Jesús entre en nuestras conversaciones y nuestras heridas. Y como Pueblo de Dios, sigamos caminando juntos.
Porque cuando nos encontramos de verdad, comenzamos a conocernos; cuando nos conocemos, aprendemos a querernos; y cuando nos queremos como hermanos, podemos caminar juntos. En ese camino, aunque algunas veces nuestros ojos no lo reconozcan, Jesús siempre camina con nosotros.
Dios los bendiga: ¡Bienvenidos al 28 Encuentro del Pueblo de Dios!"
NOTA: A la derecha de la página, en Archivos, el texto como Homilia_Encuentro_Pueblo_de_Dios_2026 en PDF