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En el marco de la presentación de la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV que se realizó ayer en el salón Tupasy del Arzobispado, monseñor José Adolfo Larregain ofreció una reflexión sobre los desafíos que plantea el avance de la inteligencia artificial y la necesidad de orientar el desarrollo tecnológico desde una perspectiva ética y profundamente humana. La actividad fue organizada por la Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz, y también expusieron Lucía Abad, referente del área y la Dra. Marisa Spagnolo, especialista en Derecho Procesal.
De la presentación participaron funcionarios provinciales y municipales, legisladores, periodistas, referentes de diversos grupos, movimientos y pastorales diocesanas.
El Arzobispo explicó que el documento pontificio no rechaza el progreso científico ni tecnológico, sino que propone un discernimiento capaz de garantizar que esos avances estén al servicio del bien común y de la dignidad de la persona, y no de los intereses del mercado o de la concentración del poder.
Durante su exposición, destacó que la encíclica aplica los principios de la Doctrina Social de la Iglesia —la dignidad de la persona, el bien común, la solidaridad y la subsidiariedad— como criterios concretos para evaluar las innovaciones tecnológicas. En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de confundir la inteligencia con la sabiduría, el cálculo con el juicio moral, la información con la verdad y la eficiencia con la auténtica humanidad.
Uno de los ejes centrales fue la necesidad de una gobernanza ética de la inteligencia artificial. El documento reclama regulaciones que protejan el trabajo humano, promuevan la participación democrática en las decisiones tecnológicas y eviten delegar en algoritmos cuestiones que pertenecen a la conciencia y la responsabilidad moral de las personas.
Monseñor Larregain también se detuvo en las imágenes bíblicas de Babel y la Nueva Jerusalén, utilizadas por el Papa para ilustrar dos modelos de desarrollo. Mientras Babel representa una tecnología puesta al servicio del dominio, el control y la autosuficiencia, Jerusalén simboliza una sociedad donde el progreso fortalece la fraternidad, la justicia y el respeto por la dignidad de cada persona.
En ese contexto, explicó el concepto de "colonialismo digital", con el que la encíclica denuncia la concentración del conocimiento y de los recursos tecnológicos en pocas manos, generando nuevas formas de desigualdad, dependencia y exclusión para pueblos y comunidades enteras.
Otro de los aspectos abordados fue el impacto de la automatización en el mundo del trabajo. El arzobispo señaló que la Iglesia reconoce las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, pero advierte sobre los riesgos de la precarización laboral, la pérdida de protagonismo de la persona y la reducción del trabajador a un simple dato o recurso productivo. Frente a ello, el Papa insiste en que el progreso debe estar siempre subordinado a la justicia social y al bien común.
Asimismo, destacó el papel decisivo de la educación en la formación de una conciencia crítica capaz de discernir el uso responsable de la tecnología. La encíclica sostiene que educar en valores y fortalecer la participación comunitaria son condiciones indispensables para evitar la manipulación, el aislamiento digital y las nuevas formas de exclusión.
Desde una perspectiva profundamente cristológica, monseñor Larregain recordó que el misterio de la Encarnación constituye el fundamento de toda la reflexión del documento. En Jesucristo, Dios revela la grandeza de la persona humana y confirma que existen dimensiones —como la compasión, el amor, el perdón, la libertad y la esperanza— que ninguna inteligencia artificial podrá reemplazar.
Como síntesis, el Arzobispo señaló que Magnifica Humanitas invita a toda la sociedad a preguntarse al servicio de quién se encuentra el progreso tecnológico. La respuesta, afirmó, debe conducir a la construcción de una verdadera "civilización del amor", donde la técnica permanezca siempre al servicio de la persona y donde el desarrollo científico esté orientado por la ética, la justicia y el respeto incondicional por la dignidad humana.
NOTA: a la derecha de la página, en Archivos, el texto completo de la presentación del Arzobispo como: “Presentación de la encíclica Magnifica Humanitas”, y el PPT denominado: Magnifica_Humanitas Prest Gral, utilizado durante la exposición.