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Queridos hermanos y hermanas:
Con inmensa alegría nos hemos reunido para celebrar la consagración de este templo y la dedicación de este altar. Es un día de gracia para toda la comunidad parroquial del Sagrado Corazón de Jesús, un día que quedará grabado en la memoria de esta Iglesia particular como signo de la fidelidad de Dios y del esfuerzo generoso de tantos hombres y mujeres que, a lo largo de los años, han trabajado, rezado y soñado para que esta casa sea un lugar digno para el encuentro con el Señor.
La primera lectura nos presenta al pueblo de Israel reunido para escuchar la Palabra de Dios. Después de tiempos difíciles, el pueblo redescubre su identidad al escuchar la Ley proclamada por Esdras. La emoción es tan grande que muchos lloran. Sin embargo, Nehemías les dice: «No estén tristes, porque la alegría del Señor es nuestra fortaleza». También nosotros hoy nos reunimos alrededor de la Palabra para renovar nuestra identidad de pueblo de Dios. Un templo no es simplemente una construcción material; es el lugar donde una comunidad escucha la voz del Señor y aprende a caminar según sus caminos.
San Pedro, por su parte, nos recuerda una verdad fundamental: Cristo es la piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa ante Dios. Y añade que también nosotros somos piedras vivas llamadas a formar un edificio espiritual. Por eso, aunque hoy consagremos estas paredes y este altar, no debemos olvidar que el verdadero templo que Dios desea santificar es el corazón de cada bautizado. Este edificio será verdaderamente una casa de Dios en la medida en que quienes lo frecuentan vivan como discípulos de Jesucristo, creciendo en la fe, la esperanza y la caridad.
En el Evangelio, Jesús dialoga con la mujer samaritana y le revela que llega la hora en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Con estas palabras, el Señor nos enseña que la belleza de un templo y la solemnidad de una liturgia sólo alcanzan su pleno sentido cuando brotan de una auténtica relación con Dios. Este altar que hoy dedicamos será el centro de la vida de la comunidad porque sobre él se renovará el sacrificio redentor de Cristo. Desde aquí se alimentará el Pueblo de Dios con el Pan de la Vida y desde aquí brotará la fuerza para la misión.
Providencialmente, esta parroquia está dedicada al Sagrado Corazón de Jesús. En ese Corazón abierto encontramos la fuente de todo amor, de toda misericordia y de toda comunión. Que este templo sea una imagen visible de ese Corazón: una casa abierta para todos, especialmente para los pobres, los que sufren, los que buscan consuelo y los que necesitan reencontrarse con Dios.
Pidamos al Señor que bendiga abundantemente esta comunidad. Que cada celebración, cada oración y cada gesto de caridad realizado en este lugar contribuya a edificar una Iglesia viva, fraterna y misionera. Y que quienes crucen el umbral de este templo puedan experimentar siempre la cercanía del amor de Dios y la alegría de sentirse parte de su familia. Amén.
† Mons. José Adolfo Larregain ofm