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MONS. JOSÉ ADOLFO LARREGAIN

Homilía Misa con los Bomberos Voluntarios en Itatí

Domingo 14 de junio 2026.

Queridos hermanos y hermanas: Nos congregamos hoy en esta querida Basílica de Nuestra Señora de Itatí para celebrar la Eucaristía junto a los Bomberos Voluntarios de Corrientes que han peregrinado hasta la casa de la Madre. Venimos a dar gracias por la vocación de servicio que ustedes encarnan, a pedir la protección de la Virgen y a renovar nuestra fe en Jesucristo, que nos llama a ser instrumentos de su amor en medio del mundo.

La primera lectura nos presenta un momento fundamental en la historia de Israel. Dios recuerda a su pueblo: "Ustedes han visto cómo los conduje sobre alas de águila y los traje hasta mí" (Ex 19,4). Antes de pedir algo, Dios recuerda todo lo que ha hecho por ellos. El Señor los ha liberado, los ha protegido y los ha conducido con ternura.

También nosotros podemos reconocer que nuestra vida está sostenida por la providencia de Dios. Cuántas veces, especialmente quienes arriesgan diariamente su vida al servicio de los demás, han experimentado la protección divina en situaciones difíciles. Dios no abandona a sus hijos; los sostiene y los llama a vivir una alianza con Él.

En el Evangelio contemplamos el corazón de Jesús. San Mateo nos dice que, al ver a las multitudes, sintió compasión porque estaban cansadas y abatidas, como ovejas sin pastor. La compasión de Jesús no es un sentimiento pasajero; es un amor que se transforma en acción concreta. Por eso cura a los enfermos, consuela a los afligidos y envía a sus discípulos a continuar su obra.

Los bomberos voluntarios conocen bien lo que significa una compasión que se hace servicio. Cuando suena una sirena, no preguntan quién es la persona que necesita ayuda, ni cuál es su condición social, ni si la conocen. Simplemente salen al encuentro de quien está sufriendo. De alguna manera, reflejan ese movimiento del corazón de Cristo que se inclina sobre la necesidad humana.

Jesús dice a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos." Y luego los envía a anunciar el Reino, a sanar y a liberar. Todo bautizado recibe esta misión. Cada uno según su vocación está llamado a ser signo de esperanza. Ustedes, queridos bomberos, realizan una tarea que manifiesta valores profundamente evangélicos: la solidaridad, la entrega, el coraje, el sacrificio y el amor al prójimo.

La segunda lectura nos lleva aún más lejos. San Pablo nos recuerda que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. No nos amó porque lo mereciéramos; nos amó gratuitamente. Esa es la medida del amor cristiano: dar la vida por los demás.

El testimonio de los bomberos voluntarios tiene mucho para enseñar a nuestra sociedad. En tiempos marcados por el individualismo, ustedes recuerdan que nadie se salva solo, que la comunidad se construye cuando hay hombres y mujeres dispuestos a servir sin esperar recompensas.

Al llegar como peregrinos a los pies de la Virgen de Itatí, presenten en el corazón los nombres y los rostros de tantas personas a quienes han ayudado; ofrezcan el recuerdo de los compañeros que ya partieron a la Casa del Padre; entreguen las alegrías del deber cumplido y las heridas que deja el servicio silencioso. María, Madre de Itatí, conoce cada sacrificio y cada gesto de generosidad.

Pidamos hoy que la “Pura y limpia” los proteja en cada intervención, fortalezca a sus familias, sostenga a quienes atraviesan momentos difíciles y los ayude a perseverar en esta noble vocación de servicio. Que al regresar a sus hogares y cuarteles puedan hacerlo renovados en la fe, sabiendo que cada acto de entrega realizado por amor al prójimo es también una ofrenda agradable a Dios. Que Dios los bendiga y la Virgen los cuide y cubra con su manto.

† Mons. José Adolfo Larregain ofm