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18 de julio de 2012
Palabras introductorias para la bendición de la 1ª Feria del Libro de la Ciudad de Corrientes
Cuando me llegó la invitación del Señor Intendente Municipal, Don Carlos Mauricio Espínola, a participar en la inauguración de la 1ª Feria del Libro de nuestra Ciudad, y a presidir el acto de bendición de la misma, además de sentirme honrado y agradecido por la deferencia en invitarme, recordé algunas frases célebres vinculadas al libro y elegí una para compartirla con ustedes como introducción a la bendición.
La frase pertenece a Nicolás Avellaneda y dice así: “Cuando oigo decir que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy dispuesto a pensar bien de él”. Cuando indagué sobre la causa que me llevó a recordar esa frase, inmediatamente me vinieron a la memoria las horas largas y lentas en carreta que compartí con Cambá, un paisano sanluiseño, la semana pasada durante la travesía que comenzó en San Luis del Palmar y culminó en Itatí. A poco de andar, me sorprendió el amplio conocimiento que este amigo tenía de las cosas de la vida, su convicción firme sobre los valores del respeto, la amistad, la justicia; la gratitud a su madre Presbitera por la educación que recibió de ella; por otro lado, la valoración que manifestaba, por ejemplo, sobre la disciplina en el comer y el beber; la compasión respecto de sus compañeros y amigos que se perdieron por la bebida, mezclada ahora con estupefacientes.
– «Es lamentable, me da pena verlos así», decía.
El amigo Cambá no había concluido su escuela primaria y no tenía un trabajo fijo, según dijo en medio de la conversación.
– «¿De dónde saca tanta información, don Cambá?» –le pregunté–.
– «Yo leo, leo todo, me gusta leer».
Confieso que me sorprendió su respuesta, no la esperaba, pero intuía que debía haber algo más, por eso volví con mis preguntas.
– «Es cierto, por medio de la lectura uno se informa de muchas cosas, pero una cosa es estar informado, y otra cosa muy distinta es tener sabiduría, y yo veo que Ud. convierte lo que lee en sabiduría, ¿cómo hace?».
– «Es la fe, don», me respondió.
– «Yo me levanto a las cuatro y media –prosiguió con su confesión– y lo primero que hago es rezar, porque así me lo enseñó mi madre. Siento que Dios me ilumina la cabeza, me da sentimientos buenos y fuerza de voluntad para trabajar. Yo hago de todo, lo que me pidan lo hago y me gusta hacerlo bien.
Y siguió hablando. Yo me quedé en silencio sin más preguntas, como habitado por el misterio. A mi regreso de Itatí, le mandé unos libros y le pedí que se acordara de rezar por mí, como a su vez le prometí que rezaría por Presbitera, su madre, como él me lo había pedido en el transcurso de las conversaciones, mientras la carreta avanzaba lentamente, en medio de una multitud de peregrinos, hacia el Santuario de Nuestra Señora de Itatí.
Una vez más, en la sencillez y sabiduría de un hombre honesto y bueno, la fe y la razón se dan la mano para potenciarse ambas a favor de la vida humana y del ambiente que ella habita. Al final, una y otra –la razón y la fe– son una bendición de Dios Padre, que nos ha creado a su «imagen», por eso no sólo seres inteligentes, sino también sabios y buenos, con capacidad para dialogar con él. Por eso, es precisamente un libro –la Biblia– el medio por el que conocemos la historia del diálogo que Dios establece con la humanidad y de la búsqueda que el hombre realiza en el anhelo de encontrarse con su Creador y Padre.
Que el libro, como instrumento privilegiado del lenguaje humano, sirva para acercarnos unos a otros, compartir información y sabiduría, sin clausurar jamás esa puerta que abre el camino hacia lo más profundo e íntimo del hombre, donde éste se encuentra con Dios, “no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano; es el Dios-con-nosotros, el Dios del amor hasta la cruz. Cuando el discípulo llega a la comprensión de este amor de Cristo “hasta el extremo”, no puede dejar de responder a este amor sino es con un amor semejante: «Te seguiré adondequiera que vayas» (Lc 9,57)” .
Mons. Andrés Stanovnik OFMCap.
Arzobispo de Corrientes
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