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MONSEÑOR A LA PASTORAL FAMILIAR

“Es necesario redescubrir la pareja humana como regalo de Dios y no como resultado de una construcción humana”

Bajo el lema “Revalorizar la familia, regalo de Dios y misionera de la vida” la Pastoral Familiar Arquidiocesana dio comienzo a sus actividades de este año.
Con una santa Misa, presidida por el Arzobispo de Corrientes, la Pastoral Familiar inicia el año 2010 en la Basílica “Nuestra Señora de Itatí”
“La familia, regalo de Dios, como leemos en el lema, es una realidad que no se pertenece a sí misma, pertenece a Dios, es un don de él” resaltó monseñor Stanovnik en la Homilía, y agregó que también “es una tarea, por eso también a ella le cabe responder, con las palabras de Moisés: “Aquí estoy”. Aquí estoy, Señor, familia –don tuyo– dispuesta a vivir y a comunicar, con la mayor transparencia posible, tu entrañable misericordia, porque eres bondadoso y compasivo”.
“Es necesario que nos ayudemos a recuperar el matrimonio y la familia como un regalo de Dios. El don de Dios es él mismo. La expresión máxima de su donación es su propio Hijo, entregado por nosotros. Por eso, cuando él se da como amor en el matrimonio y la familia, no sólo se lo recibe, sino que capacita a los que lo reciben para que se den a sí mismos a los demás”.
“Revalorizar a la familia, como dice la primera parte del lema, significa rescatarla de la desvalorización a la que está sometida sistemáticamente. Pero para poder realizar ese rescate es necesario redescubrir la pareja humana, constituida por el varón y la mujer, como un verdadero regalo de Dios y no como mero resultado de una construcción humana, que la termina reduciendo y alterando peligrosamente. Y reconocer que el don de la pareja es signo del Don divino, del cual los esposos cristianos son ministros el uno para el otro, reflejando así que “lo más humano es sacramento de lo divino” (Los Aportes..., n. 67). En ese sentido, los esposos cristianos, “como padres son imagen y presencia irremplazable de la paternidad de Dios en la vida de sus hijos (…) El afecto y la cercanía que sólo los padres pueden mantener con sus hijos pequeños les permite comunicar una imagen de Dios íntima y cálida que queda grabada para siempre en lo profundo de su corazón” (Los Aportes..., n. 75)”, continuó diciendo.
“En una época de transición, como la que estamos atravesando, necesitamos abrir más los ojos para ver qué es bueno para el matrimonio y la familia y qué no lo es; qué le hace bien a los esposos y a los hijos y qué los daña, a veces, irremediablemente. La Pastoral Familiar, aun cuando “no puede ni tiene que solucionar todos los problemas, pero sí está llamada a brindar acompañamiento y atención a familias concretas y personas concretas”, para que lleguen a “dar testimonio de la Buena Noticia del amor y de la vida” (Los Aportes..., Conclusión). Sobre todo, animando a los matrimonios y familias a vivir gozosamente la belleza de su vocación y misión, mostrando que es una propuesta mucho más humana y más plena que otras; que la estabilidad del matrimonio brinda un ambiente más favorable para el crecimiento y la maduración de los hijos que la inestabilidad; que la durabilidad de los vínculos influye positivamente en el proceso de integración social y en la formación de conductas solidarias, participativas y responsables; y que, entre las muchas ventajas que posee el vínculo estable entre el varón y la mujer para vivir una vida humana más plena y feliz, están también los beneficios sociales y hasta económicos que brindan a la sociedad. En síntesis, es mucho más ventajoso, desde todo punto de vista, una pareja humana con un vínculo estable y duradero”.
“Hoy sentimos los sufrimientos y oímos el grito de dolor de muchas familias, angustiadas por la desintegración y otras gravemente dañadas. La Pastoral Familiar está llamada a crear “espacios pastorales que ayuden a las personas a transformar sus temores por tantos fracasos, en creatividad para encontrar caminos de crecimiento y habilidades para afrontar las dificultades” (Los Aportes..., n. 100). Así, la familia, como regalo de Dios, se convierte en misionera de la vida y comunicadora de la fe; en lugar privilegiado de encuentro con Dios y con los otros, y en “primera experiencia de Iglesia”; en escuela donde se educa para el amor, el diálogo y la solidaridad; y donde se aprende a ejercer la autoridad sin dominio, a practicar la obediencia sin sometimiento y a madurar la libertad sin caer en el libertinaje”.
Finalmente el Arzobispo citó un párrafo del Documento de Aparecida, (n. 268) en el que se expresa que “como en la familia humana la Iglesia-familia se genera en torno a una madre, quien confiere “alma” y ternura a la convivencia familiar. Encomendamos a ella, Tiernísima Madre de Dios y de los hombres, la tarea del Secretariado Nacional y Regional de la Pastoral Familiar, y, en particular el trabajo y la misión de la Pastoral Familiar en nuestra Iglesia local”.

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