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MONS. JOSÉ ADOLFO LARREGAIN

Apertura del Año Ignaciano

Iglesia Jesús Nazareno - Corrientes, 20 de mayo de 2021

Ignacio 500, es el nombre que recibe este aniversario que celebramos en todo el mundo entre mayo de 2021 y el 31 de julio de 2022. Hemos podido participar por las redes sociales de la bella celebración desde Pamplona, dando apertura a este Año Jubilar Ignaciano. Recordemos lo sucedido: Iñigo de Loyola en el sitio de Pamplona, que fue ejercido por los franceses en 1521, sufrió durante esa campaña una múltiple herida por un impacto de piedra (bombarda), material del que estaban elaborados los proyectiles de guerra una vez que se empezó a utilizar la pólvora con fines bélicos. Le produjo lesiones en las partes blandas de la pierna izquierda y una fractura expuesta de la tibia derecha en sus tercios medio y proximal. Es tratado en primera instancia por los propios médicos franceses mediante cauterización de las heridas. Sorprendentemente hubo consolidación primaria a pesar de la infección. Inhabilitado para combatir y trasladado a Guipúzcoa, la consolidación viciosa fue motivo de que los cirujanos del lugar lo sometieran a procesos correctores de enderezamiento. Sin embargo y como podría esperarse, a pesar del tratamiento, tanto la infección como su estado general se agravaron y la desalineación subsistió. Después de una recuperación literalmente milagrosa, ya que las fracturas expuestas infectadas, eran casi sinónimo de muerte, una prominencia ósea que le impedía calzar las botas militares, debió ser aserrada en una tercera cirugía, lo cual tampoco fue suficiente. Toda una serie de procesos ortopédicos con recursos mecánicos tampoco fue suficiente para corregir la deformación y el acortamiento de su pierna.

Este doloroso acontecimiento es el inicio de un largo camino de introspección que va a realizar Ignacio durante su larga convalecencia. Será duro, difícil, doloroso pero dará grandes y buenos frutos, lo conducirá al encuentro profundo consigo mismo y con el Señor. Experimenta una conversión y transformación de vida. Respuesta que hemos escuchado pronunciada por Pedro en evangelio: “Tú eres el Mesías de Dios” ante la pregunta quien dicen que soy yo. Pedro puede decir esto inspirado por el Espíritu Santo y fruto de la experiencia personal que tuvo con Jesús. El que quiera seguir al Maestro no puede evadir el camino que el trazó. El verdadero discípulo se configura con Cristo y asume como propio su proyecto y camino. San Ignacio lo asumió para su vida con todas sus consecuencias.

Una vez recuperado va iniciar una peregrinación a Tierra Santa, actitud de salida de sí que acompañará toda su vida. Lo sucedido a san Ignacio hoy nos interpela a nosotros e invita a dar una respuesta ante la realidad que vivimos. La bombarda sigue siendo actual –es invisible y se hace visible en el dolor, sufrimiento, muerte, tristeza, pérdida del sentido de la vida, desesperanza, etc. Nos impacta en el centro de nuestra vida y nos pone en jaque personal, comunitaria y globalmente. El Covid saca lo mejor y lo peor de cada persona y sociedad. La celebración de este día tiene mucho para iluminar nuestro hoy. En la realidad que estamos transitando, tanto dolor, sufrimiento, perdida de sentido, cuestionamientos en la fe, problemas de trabajo, dificultades económicas, problemas familiares, perdidas de seres familiares, etc. Tres pequeñas consideraciones que nos ayuden a meditar lo vivido por Ignacio.

La historia personal, es lugar teológico, es bueno volverlo a recordar. San Ignacio al final de su vida recuerda este acontecimiento, que la tradición sitúa un día como hoy del año 1521. Así comienza su autobiografía. Es un hombre creyente, de fe, de práctica religiosa recibida desde su niñez. Se confiesa antes de entrar en batalla. Se reconoce pecador y salvado por Cristo. Mi vida, las historias de vidas, los acontecimientos son lugares donde Dios se hace presente y actúa. En este tiempo tan complejo mirar nuestras vidas con, desde Dios que se hace presente en medio de ellas nos da consuelo, paz, serenidad, confianza. Descubrir el paso de Dios en los acontecimientos históricos nos abre a la mirada teologal de la vida. Todos experimentamos heridas y por allí pasa la luz, la misericordia, la compasión, la ternura de Dios. Que Dios nos de la gracia de hacer de las heridas flores: disculpen la asociación, la flor del mburucuya los jesuitas en estas tierras la llamaron floris passionis originando el nombre por el cual hoy la reconocemos como pasionaria.

La teología del dolor. En el AT no se plantea el problema de cómo soportar el dolor o cómo sacar provecho de él. Lo único que se intenta es hacer ver que el mal no procede ni depende de Dios. El responsable es el hombre, el sufrimiento no entra en el proyecto inicial de Dios. Después del destierro, es cuando se llegará a encontrar al sufrimiento un sentido positivo, y el hombre podrá convertirlo en instrumento providencial. En el Nuevo Testamento Jesús se servirá de él para llevar a cabo su obra salvífica. El dolor es una gran escuela, tiene su propia pedagogía, nos abre las puertas de la esperanza. El joven vasco se deja transformar llevando una vida para mayor gloria de Dios, las heridas sufridas son transformadoras, comienza un estilo de vida en profundidad. No se queda ubicado en la calle quejumbrosa, se centra en lo verdaderamente importante, en lo que a cambiar y modificar su vida para siempre.

Transformar el sufrimiento en belleza. San Ignacio lo pudo hacer, transforma el dolor en expresión espiritual. Era su canal, su refugio, su forma de libertad. Se negó a ser víctima, entendió desde bien temprano que la vida no merecía entenderse a través de su sufrimiento físico. La vida para Ignacio está por encima de toda pasión o sufrimiento. El ejemplo de su vida y de actitud nos demuestra algo muy concreto: la creatividad es un vehículo, es un mecanismo excepcional capaz de ayudarnos no solo a reestructurar el dolor, a canalizar el sufrimiento. La mente creativa toma riesgos, es atrevida. Su potencial creativo está muy supeditado al mundo emocional. Es un proceso de desarrollo y un modo de expresión orientado a resolver problemas y a satisfacer necesidades emocionales. El dolor es un catalizador para la expresión artística, no hay duda, pero también lo es la felicidad, el miedo, la rabia, etc. Sin embargo, el dolor encuentra en lo espiritual –como en el arte- un refugio muy catártico, ahí donde la persona puede reencontrarse a sí misma, atenderse, bucear en sus abismos de incertidumbre y fundirse en sus agujeros negros para salir fortalecido, aliviado, transformado. Encontramos personas que lo han logrado.

Le pedimos al Señor, por intercesión de san Ignacio, hacer de nuestra historia de vida y de sus acontecimientos lugar de encuentro con Dios. Dejarnos interpelar por ellos, ser dóciles a su voluntad y dejarnos moldear y modelar. Que podamos transformar nuestros sufrimientos en belleza, en obras de arte, en expresión teológica, en manifestación de Dios. Que este Año Ignaciano nos ayude entrar todos en un camino de conversión a fin de ser renovados y veamos nuevas todas las cosas en Cristo.

 

Mons. José Adolfo Larregain

Obispo Auxiliar de Corrientes



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