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MONS. JOSÉ ADOLFO LARREGAIN

HOMILIA del TEDEUM del 9 de Julio

Santuario de Nuestra Señora de la Merced

Primera Lectura: Sofonías 2,3; 3,12-13 (Domingo IV ciclo A)

Evangelio: Mateo 5, 1-12.

 

Saludamos al Sr. Gobernador de la Provincia Dr. Gustavo Adolfo Valdés y señora; al Sr. Vicegobernador Dr. Gustavo Canteros y señora; al Sr. Intendente de la Ciudad de Corrientes Dr. Eduardo Tassano y señora; al Sr. Viceintendente Dr. Emilio Lanari y señora. Damos gracias a Dios por este día en el cual podemos participar del Tedeum en ocasión de cumplirse un aniversario más de la Declaración de la Independencia de nuestra Patria. En las redes sociales nos acompañan el señor presidente de la honorable Cámara de Diputados el Dr. Pedro  Cassani; el señor presidente del Superior Tribunal de Justicia el Dr. Arturo Rey Vásquez; los Señores Ministros del Poder Ejecutivo Provincial; los Señores Legisladores nacionales y provinciales; los Señores Jefes de las fuerzas armadas y de seguridad con asiento en nuestra Provincia; y toda la comunidad de la Provincia que se suma a esta acción de gracias. A todos saludamos fraternalmente: paz y bendición en el Señor!!

Al iniciar esta reflexión, el recuerdo y la gratitud a don Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, se cumplen 250 años de su nacimiento y el bicentenario de su paso a la inmortalidad. Belgrano con San Martín, dos grandes hombres que influyeron en la independencia de la Patria. El proyecto de emancipación fue promovido por Belgrano y acogido en el Congreso de Tucumán. Destacamos el rol de esa Corrientes luchadora, en las buenas y en las malas. De estas benditas entrañas nació nuestro gran libertador, el General don José de San Martín.

Recordamos el contexto de aquellos años en torno a 1816: tiempos difíciles, complejos, con muchas dificultades, muy parecidos en muchos aspectos a los de hoy… hasta tuvieron enfermedades que asolaban la región: viruela, angina gangrenosa, sarampión, disentería, tétano infantil, tifus, erisipela y otras. En esa época todas estaban incluidas en la palabra “peste”. También, como en el evangelio del trigo y la cizaña,  en aquellos tiempos jugaban las ilusiones, los sueños, los proyectos entremezclados con ambiciones fáciles, envidias, rencores, traiciones, luchas impiadosas por el poder, intereses personales y mezquindades. La independencia transformó la vida de las personas porque legitimó los deseos de libertad individual y jurídica. También habilitó aspiraciones de una mayor igualdad social.

En este día de acción de gracias por la Patria hemos escuchado el pasaje evangélico proclamado según san Mateo. Comienza con una bendición y termina con una promesa que nos consuela. En este día nos hace bien recordarlas y dejar que ellas resuenen en nuestras vidas. Son un espejo donde nos podemos reflejar, una brújula que nos puede indicar el camino a seguir, perlas finas a las cuales hay que descubrir en la vida cotidiana, ideales por los cuales tenemos que trabajar y luchar por conseguir.

El sermón del monte es la carta magna de presentación del pueblo de Dios y el nuevo programa del reinado de Dios. Son enunciados de valor, invitación a la superación constantemente, denuncia ante las mezquindades, oferta de la misericordia de Dios y el don del gozo incontenible que trae el reinado de Dios.

Las bienaventuranzas del evangelio de Mateo tienen un auditorio concreto y restringido: el grupo de los que Jesús había llamado a seguirlo más de cerca. Ellos tendrán responsabilidades diferentes al escucharlo al Maestro: “se le acercaron los discípulos. Tomo la palabra y comenzó a enseñarles”, nos dice el texto.

El autor sagrado escribe para una comunidad cristiana concreta, ya establecida, que comienza a organizarse y necesita profundizar en su identidad de seguidora de Jesús. Es muy probable que esta comunidad fuera realmente pobre, menospreciada, despreciada y perseguida. Mateo los invita a descubrir los valores del reino de Dios  en las dificultades que atraviesan.

Las palabras de Jesús nos resultan desconcertantes. Son, en primer lugar, una invitación a vivir la pobreza, la aflicción, el desprendimiento, el hambre y la sed de justicia como “bienaventuranzas”. Y así, la pobreza material se transformará en “pobreza de corazón” o apertura confiada a la voluntad y providencia del Padre. La aflicción en “consuelo mesiánico”, el único capaz de dar sentido al sufrimiento y a la muerte. El desprendimiento, en posesión de la “herencia” de la tierra, expresión que equivale a recibir el reinado de Dios. El hambre y sed de justicia, en “esperanza” del cambio radical que traerá la Buena Noticia.

Estas cuatro primeras bienaventuranzas pueden dar la impresión  de una rápida y fácil espiritualización  de duras realidades humanas con la esperanza pasiva  de una reivindicación en un futuro reinado de Dios. No es así. A estas cuatro primeras, que son actitudes del corazón, le siguen las bienaventuranzas del compromiso y del empeño por cambiar la realidad y hacer presente el reinado de Dios aquí y ahora entre nosotros: el compromiso de la misericordia y la solidaridad; el empeño de una vida honrada y limpia; el trabajo por la paz, la justicia y la reconciliación; la firmeza ante la persecución.

A modo de conclusión, en las bienaventuranzas Jesús indica el comienzo del reinado que ya está aconteciendo en la praxis de los pobres. Y es en la práctica de los pobres donde despunta, aunque de lejos, la nueva creación. En ellos la vida nueva del reinado se construye en torno a cuatro ejes básicos: posesión compartida de la tierra, la ausencia de males que hacen sufrir y llorar, la práctica de la justicia y de la solidaridad, la nueva experiencia de Dios y la relación filial con Él.

Hoy somos nosotros a quienes instruye el Señor las bienaventuranzas. Ellas nos exigen un cambio de mirada, de corazón, de actitudes y comportamientos muy grandes. Nos exige un giro copernicano, el cual no es para pusilánimes, es para gente con grandeza de alma. Sólo quienes experimentan en la vida estas contradicciones pueden comprender el gozo de estar en sintonía  con la preocupación del Padre y de Jesús por la justicia y equidad. Estamos invitados a luchar y trabajar con la Palabra de Dios en contra de las desigualdades y la injusticia social, como única forma de lograr una verdadera independencia.

Nuestra región en 1816 estaba indiferente ante la misericordia, ante el hambre y la sed de justicia. El 2020 nos sorprende transitando la pandemia del Covid19. La declaración de independencia del año 1816 sigue siendo un hito que nos motiva a seguir trabajando en la construcción de nuestra Patria. Los ideales de aquel grupo de hombres sigue siendo el nuestro. Están en consonancia con los ideales de “la tierra sin males” de la mística guaraní: la cual es una tierra posible, es la construcción de una sociedad más justa, más igualitaria y solidaria, donde la persona sea el centro, se potencie el humanismo y los valores éticos –meollo de las bienaventuranzas-. No dejemos como secundario lo importante, no corramos el riesgo que por rivalidades o cuestiones vinculadas al poder -que son similares a bajezas cometidas en nuestra historia- perdamos de vista lo esencial y primordial.

Nos dice el profeta Sofonías: “busquen al Señor, todos los humildes de la tierra, los que ponen en práctica sus decretos. Busquen la justicia, busquen la humildad”. En esta acción de gracias a modo de promesa y bendición anunciamos:

¡Bienaventurados los que ejercen la solidaridad genuina, que ayudan unos a otros sin esperar nada a cambio!

¡Bienaventurados los que trabajan y permanecen unidos, aun pensando distinto, que no sacan ventajas, que hacen prevalecer la unidad en la diversidad!

¡Bienaventurados los que le dan mayor importancia al todo que a la parte, al bien común ante que a sus intereses personales!

¡Bienaventurados los que saben reconocer trabajos ejemplares y el compromiso cotidiano, algunos de ellos infravalorados socialmente y económicamente!

¡Bienaventurados los que asumen con responsabilidad sus actos y tienen en cuenta el impacto social y ambiental que produce!

¡Bienaventurados los que viven guiados por propósitos elevados de justicia, paz y verdad, ofreciendo al mundo su testimonio!

¡Bienaventurados los que escuchan y aprenden de los demás, que toman decisiones prudentes y agiles en situaciones complejas!

¡Bienaventurados los que disfrutan de las pequeñas cosas, las más simples, sencillas y cotidianas!

¡Bienaventurados los que viven con optimismo y resiliencia, los que piensan en grande, que miran el futuro con ilusión y realismo, animándose a su construcción!

¡Bienaventurados los que cuidan la Casa Común, los que comprenden que todo está interrelacionado e interconectado!

Hoy es necesario reconocer la necesidad de unión, basada en el amor y en la misericordia. Un alejar rencores y rivalidades sobre todo teniendo en cuenta que el valor de la vida de nuestros hermanos debe ser el objetivo primordial. Cómo cristianos, que no solamente nos llamamos, debemos privilegiar las bienaventuranzas para construir un mundo mejor. Que no solamente hablemos de paz, libertad, verdad, justicia… sino que seamos constructores y artífices de ellas. Constatamos que vivimos un momento histórico marcado por desafíos urgentes pero también muy estimulantes para construir una nueva civilización.

Queridos hermanos, siempre tenemos oportunidades para reinventarnos en medio de las crisis transformando los desafíos en oportunidades. El Espíritu Santo nos inspire, acompañe y fortalezca en la búsqueda de las bienaventuranzas para todos los habitantes que viven en nuestro suelo argentino. Que la Pura y limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí nos bendiga y cobije bajo su manto a nuestra Patria y de manera muy especial, a nuestra querida provincia de Corrientes con toda su gente.

 

 

 

+Fr. José Adolfo Larregain ofm

   Obispo Aux. de Corrientes